Mordancio ataca de nuevo. Nuestro colaborador
nos habla hoy del progreso de Casilda, y de un caso en que se produce en un
“terreno diferente”. Aguda observación de alguien que tiene los ojos puestos en
todos los detalles, y que además nos sorprende con sus conocimientos sobre la
historia local.
Casilda progresa en un “terreno diferente”
Por Mordancio
Nuestra gente no para de generar novedades para convertir a Casilda en una gran
ciudad. Junto a las importantes obras públicas que se inaugurarán este año, hay
otras privadas que también aportarán su parte al progreso. Hoy me ocuparé de un
nuevo edificio en plena calle Buenos Aires, que se construye en un terreno que
tiene una historia un poco particular, que también te contaré, porque es
necesario ser algo “grandecito” para conocerla.
Nos alegra observar que en la calle principal de Casilda, casi en la esquina de
bulevar 25 de Mayo, se esté construyendo a pasos rápidos un nuevo edificio de
dos plantas, que tendrá salida a las calles mencionadas. Esta obra, sin dudas
contribuirá a realzar tan importante lugar de la ciudad, que ya tiene otros
negocios y edificaciones de valor, entre ellos la tradicional casa de la familia
Bortolotto, que fue totalmente restaurada para dar paso a un moderno comercio.
El edificio al que hoy nos referimos, tendrá locales comerciales en su planta
baja, y viviendas en planta alta. La novedad de la propuesta arquitectónica es
que la galería comercial tiene salida hacia ambas arterias mencionadas, dejando
en la esquina, podríamos decir que abrazándola, a la casa lindera. Hacer una
obra de este tipo fue posible gracias a las características particulares del
terreno, que como toda cosa distinta tiene una historia un poco extraña.
Si me permitís, te la cuento brevemente.
Terrenos con una historia diferente
Cuando los ingleses se establecieron en Casilda en 1900 con la línea ferroviaria
Cañada de Gómez-Pergamino, que corría a lo largo de bulevar 25 de Mayo,
compraron también el Ferrocarril Oeste Santafesino que había fundado Casado.
Luego trasladaron la vieja estación que estaba en la actual Biblioteca Carlos
Casado hasta su nuevo emplazamiento de 25 de Mayo al 2300, donde hoy funciona la
Escuela Municipal Benito Quinquela Martín. Además, para terminar con el ingreso
por bulevar Lisandro de la Torre de los trenes que venían desde Rosario,
hicieron una obra complementaria: las vías que circunvalan la ciudad por su
costado norte, precisamente por bulevar América. Así los trenes pudieron llegar
a la nueva estación sin pasar por el centro.
Pero no todas las vías sobre Lisandro de la Torre fueron levantadas. En la
esquina de ese bulevar y Roca estaba el Molino Fénix, una gran empresa fundada
por el alemán Emilio Werner, quien le había comprado a Casado su viejo Molino
Candelaria, construido en los inicios de la colonia. Werner lo desarrolló de tal
manera, que llegó a convertirlo en uno de los más importantes molinos del país,
con sucursales en varias ciudades, y obtuvo reconocimientos internacionales por
la calidad de sus harinas.
En Casilda, la planta de molienda de Lisandro de la Torre y Roca necesitaba de
las vías del ferrocarril para hacer llegar el trigo y sacar su harina. Por lo
tanto, para que esos trenes puedan ir del molino hasta la nueva estación, se
necesitaba hacer una curva en Lisandro de la Torre y 25 de Mayo. Y como toda
curva que necesita un tren, se sabe, ésta debe ser amplia. Fue así como se
recurrió a “cortar” tres manzanas de la zona, que les dejó a cada una tres
triángulos aislados del resto del terreno. Viniendo desde el molino, los
vértices de esos tres triángulos eran: Lisandro de la Torre y Vicente López (el
tren pasaba detrás del negocio del señor Raúl Grisanti); Vicente López y Buenos
Aires (pasaba detrás de la heladería que existe en esa esquina), y Buenos Aires
y 25 de Mayo (pasaba detrás de la casa que está en la esquina). En ese lugar hoy
se está construyendo el nuevo edificio.
Luego de que las vías entre el Molino Fénix y la estación fueran levantadas
definitivamente, a inicios de los años 60, esos terrenos pasaron a propiedad
privada y permanecieron como baldíos por varios años. Luego, poco a poco,
comenzaron a edificarse viviendas. De los tres “cortes” que los ingleses le
habían sacado a las respectivas manzanas, sólo queda como terreno sin edificar,
fiel testimonio de un tiempo lejano, el que está detrás de la heladería de
Buenos Aires y Vicente López. Pero ¡attenti!, si queremos mostrárselo a los
chicos para que conozcan algo simpático de nuestra historia, apurémonos, porque
tal vez en poco tiempo en ese lugar comience a construirse alguna vivienda o
negocio. Como dije al inicio, la gente de nuestra ciudad no para de apostar al
progreso.
Otros terrenos con historia
Quien observe con un poco de curiosidad la diagramación de Casilda, no puede
dejar de sorprenderse con algunas particularidades que tienen ciertos lugares.
Uno de ellos es, seguramente, el ancho de calle Mitre, entre Lisandro de la
Torre y Buenos Aires (frente a la Beibi ¿te ubicás?). Es sólo una cuadra, pero
su magnitud sorprende a la vez que agrada (¿por qué a Casado no se le ocurrió
hacer todas las calles así?).
Otra arteria “distinta”, es también Dante Alighieri, entre 1º de Mayo y 25 de
Mayo (perdonen la repetición de Mayo, pero así es). Esto por citar sólo algunos
casos, aunque podríamos seguir con los ejemplos. Y ni hablar si nos vamos a
Nueva Roma. Allí sí que hay una cantera interminable de historias por su trazado
diferente al de la vieja Villa Casilda. Indudablemente Pescio lo envidiaba a
Casado, porque quiso hacer algo distinto y mejor, orgullo actual de los
casildenses que viven del otro lado de las vías.
La mayoría de las historias mencionadas tienen que ver con las necesidades de
trazado y logística del ferrocarril que fundó Casado. Por ello, si no te
aburriste con este cuento, en el futuro recurriré a todos los conocedores de la
historia de Casilda, para contártelas en otros artículos.