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EDUARDO JULIO
BRACACCINI
Falleció asesinado el 25 de julio de
1977

La terrible dictadura que sufrimos entre el 24 de
marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983 dejó, entre otras consecuencias, un
triste saldo de miles de ciudadanos argentinos muertos. Algunos de ellos eran
casildenses, hijos de familias respetables, trabajadoras, con activa
participación comunitaria. Muchachos que, como nosotros, recorrieron nuestras
calles y plazas, fueron a la escuela, jugaron al fútbol en los campitos,
bailaron en El Círculo, Maranhao y Baobab. Muchachos de quienes la sociedad
mucho podía esperar. Lamentablemente, su fin fue trágico por culpa de la
dictadura ignorante que ensombreció uno de los peores períodos de nuestra
historia reciente.
Hoy recordamos a Eduardito Bracaccini, un
muchacho de Nueva Roma con nobles inquietudes humanitarias, que lamentablemente
fue tomado por extremista y asesinado del modo más brutal por los brutales de
siempre.
Al momento de su muerte, Eduardo trabajaba en el
Banco de Intercambio Regional. Había terminado la carrera de Licenciado en
Ciencia Política y estaba estudiando Ciencias Económícas, como un modo de
complementar su formación y capacitarse como un buen profesional.
En su barrio, Eduardo se destacó por ayudar a los
más necesitados y por ser el alma máter de aquella gran obra que es el
Dispensario Nueva Roma, que tan importante función social cumple para ayudar a
los que menos tienen y que por suerte con los años se ha fortalecido.
Reproducimos a continuación dos textos: uno es un
recuerdo de su figura y personalidad de hombre solidario. El otro fue escrito
por el mismo Eduardo poco antes de morir asesinado, donde habla de la auspiciosa
situación del Dispensario que ayudó a nacer.
El siguiente texto
fue escrito por algunos de sus familiares y amigos
Como nos imaginaríamos hoy a Eduardo que fuera asesinado
hace treinta años por la peor dictadura que asolo nuestra patria?
No podríamos menos que pensarlo tal como era cuando lo
mataron: cordial, inteligente, sagaz, irónico, sonriente, solidario y presto
acudir al llamado de los otros.
Es casi seguro que hubiera sido político (algunos que bien
lo conocían, en un acto en la inauguración de una extensión del Dispensario
Nueva Roma, al descubrírsele un placa recordatoria decían: “hubiera sido
gobernador..” Otro, funcionario político, el de más alto rango en nuestra
ciudad, diría en su discurso, emocionado por la circunstancia, recordando y
valorando al amigo fiel: “…de estar aquí, yo hubiera sido su segundo” .
Ese era el Eduardo que eliminaron, no tenían otra forma de
deshacerse de la oposición. Más que torturando, matando, y desapareciendo y
cobardemente negando lo acontecido. La aparición del cuerpo acribillado de
Eduardo, solo obedeció a dejar un mensaje: esto les va a pasar si se oponen.
Por supuesto que por eso se llamó terrorismo de estado, y
hoy también a esa dictadura se la llama perversa porque en el más estricto
sentido del término, perverso es cuando se le crea angustia al otro. Y la
angustia paraliza. Y para llevar adelante un proyecto por sobre todo de
acaparamiento de los resortes económicos y en consecuencia de apoderamiento de
la riqueza interna, había que paralizar la oposición. Y vaya si lo lograron!
Solamente la derrota en Malvinas, y el avance de las manifestaciones obreras
posteriores a la guerra lograron devolver las urnas, que estos genocidas, con la
soberbia que los caracterizó, decían: “están bien guardadas”.
Ese Eduardo que hoy recordamos con cariño, ya con menos
dolor y menos impotencia, se había apasionada por lo que la política podía
brindar a los otros, y así no dudó en capacitarse para ello, primero
estudiando, y recibiéndose en tiempo y forma de Licenciado en Ciencias Políticas
en la UNR. Al poco
tiempo decide y así lo hace, estudiar economía en la misma Universidad, pero
esta vez compartiendo su tiempo con un trabajo cotidiano cual era el de empleado
en comercio exterior de un banco de la época.
Hasta entonces ya había dejado su impronta en nuestra
ciudad, a la cual nunca dejó de volver, a pesar de estar radicado en Rosario.
Fue uno de los fundadores del Dispensario Nueva Roma, el de su barrio y a él se
volcó con pasión y esfuerzo, organizando, buscando y llevando donaciones y
trasladando profesionales para la atención diaria de las consultas que ya eran
una realidad.
Siempre pensó en los otros, aún a riesgo de su vida, y no
hay registro de que las brutales torturas a las que fue sometido, lograran
arrancarle nombres ni circunstancias que pusieran en peligro la vida de otros,
tal vez eso indique el grado de ensañamiento con que fuera tratado su cuerpo.
Hoy no sólo lo recordamos a él sino a todos los miles de
jóvenes que idealizaron y pensaron que era posible un país mejor. Muchos de
ellos, como Eduardo, con toda la potencialidad para ser la dirigencia que
toda comunidad merece, para lograr una sociedad más justa, más libre, más
soberana.
Familiares y amigos.
El siguiente texto
fue escrito por Eduardo Bracaccini, poco antes de morir, en nombre de los
dirigentes del Dispensario de la Vecinal Barrio Nueva Roma, donde habla de la
importante tarea que realizaba la institución, ayudando a las familias más
necesitadas del barrio.
DISPENSARIO
Al cabo de los primeros seis meses del año, el Dispensario
Vecinal Nueva Roma, hace público con tremenda satisfacción que la cantidad de
personas atendidas en ese lapso ascendió a 2.200. Esta cifra contundente, pone
bien a las claras que nuestro querido Dispensario es hoy un elemento de vital
importancia para cada vez más amplios sectores populares, en el delicado terreno
de la salud. Por esta hermosa realidad, que representan las 2.200 personas
atendidas, hoy hacemos propicia la oportunidad para acrecer a todos los que de
una u otra manera, nos ayudan y lo hacen posible, a los profesionales, a las
enfermeras, a los colaboradores y a los vecinos que la razón última de nuestro
esfuerzo. El Dispensario existe por los vecinos y para los vecinos, sin ellos
nuestro lema de que “la salud debe estar al alcance de todos”, sería un lema
vacío de contenido, pero hoy sabemos y sentimos (y la realidad lo demuestra) que
el barrio lo comparte y lo hace suyo.
(Documento histórico
recopilado por la mamá de Eduardo, Gladys B. de Bracaccini, con posterioridad a
su asesinato)
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