Agustín
Magaldi nació en Casilda el 1 de diciembre de 1898. Su infancia transcurrió
entre nuestra ciudad y Rosario, donde sus padres tenían familiares, por eso la
confusión en torno al lugar de su nacimiento. Atraído por la magia de Enrico
Caruso y otros tenores en boga en la década del diez, de muy joven entonó
canciones líricas y se sumó a los conservatorios de Rosario. Pero la lírica, que
lo apasionaba, no sería su futuro, sino las canciones populares.
A comienzos de la década del veinte Agustín formó dúos con Héctor Palacios,
Nicolás Rossi y Espinosa, interpretando temas del repertorio criollo. En 1923 se
radicó en Buenos Aires y comenzó a cantar canciones criollas y tangos en los
cafetines. En 1924, apadrinado por la famosísima cancionista arrabalera Rosita
Quiroga, ingresó al sello Victor.
El dúo Quiroga-Magaldi grabó pocos discos, porque en 1925 formó dúo con Pedro
Noda, cantor de Mataderos. Noda era la segunda voz ideal para la tonalidad de
Agustín. A partir de allí comenzó la historia de uno de los mejores dúos de
todos los tiempos. Pero Agustín, además de cantar en dúo lo hacía como solista,
incluyendo grandes tangos a su repertorio. En todo ese tiempo el dúo grabó en la
casa Victor y actuaron en los principales cines y teatros de Buenos Aires, en el
interior del país y en el Uruguay.
En 1929 pasaron a grabar discos en la compañía Brunswick y compusieron El penado
catorce, uno de sus resonantes éxitos. Cantaron en radio y durante varias
temporadas consecutivas en el Cine Real. En 1933 el dúo volvió a la casa Víctor
y realizaron una gira por Chile. Dos años después, participaron en la película
"Monte criollo", donde interpretaron Mi sanjuanina.
El 31 de diciembre de 1935, después de diez años de grandes triunfos, el dúo se
desintegró. En 1936 Magaldi inauguró su etapa como solista, acompañado por las
guitarras de Centeno, Ortiz, Francini, Carré y el arpa de Félix Pérez Cardoso,
mientras que Noda se unió en dúo con Carlos Dante. Magaldi hizo furor en Radio
Belgrano. Su balada rusa Nieve se convirtió en su caballito de batalla, que el
público siempre reclamaba, al igual que su tango Libertad.
Sus versiones de La muchacha del circo, Dios te salve m'hijo, Acquaforte,
Berretín y Consejo de oro, resultaron antológicas, no obstante la inevitable
comparación que surja con Gardel. Pero Magaldi fue distinto. Despertó de igual
modo la crítica despiadada y la más ferviente adhesión popular. Paradójicamente,
todos lo reconocieron como un ídolo y hoy su figura está instalada en la galería
de los más grandes cultores de la música popular.
Perfil
artístico de Agustín Magaldi
Este casildense
fue, sin dudas, uno de los paradigmas de la canción popular argentina. Junto a
Ignacio Corsini, constituyen la zaga principal que se ubica detrás de la figura
mítica de Carlos Gardel. Los tangueros tradicionales de su época no lo querían,
por no responder a los cánones precisos del fraseo gardeliano; y los
vanguardistas tampoco, ya que su estilo no se correspondía con la renovación.
Pero ambos reconocían la belleza de su voz y la calidad de su interpretación.
Sin embargo, los sectores más humildes de la ciudad y del interior del país lo
veneraban, hasta tal punto que su popularidad y su fama crecieron
vertiginosamente. Por ello, hoy sus fanáticos lo consideran al mismo nivel de
Gardel.
Su voz era
brillante y caudalosa; y su técnica perfecta, afinada, representativa de la
escuela italiana de canto. Su repertorio estaba compuesto por piezas de géneros
muy diferentes y despareja calidad. Tratándose de un arquetipo del "cantor
nacional", el mismo estaba integrado por muchos temas de corte criollo, también
tangos y algunas raras canciones provenientes de otras latitudes.
El rol de la
mujer y el tema social La temática de sus tangos
elevan el rol de la mujer. Como ejemplo podemos mencionar Levanta la frente,
donde reivindica a la madre soltera; No quiero verte llorar, donde el hombre se
compadece colocándose en un mismo plano, o en Libertad, donde los protagonistas
reconocen la culpa de ambos al momento de separarse.
El tema social, la grave descripción del padecimiento y el melodramatismo de sus
historias causaron opiniones diversas. Para algunos testimoniaban la realidad de
su época y por eso se identificaban con él; para otros era un fiel exponente de
la cursilería popular.
Finalmente, podríamos decir que Magaldi encarnó las dos visiones de esta
contradicción, prevaleciendo su calidad de cantor y su dulce voz sobre alguna
mala elección de su repertorio, sin entrar a analizar su gusto interpretativo y
menos la virtud de su inserción en el campo popular.
Sus casas en
Casilda
Agustín Magaldi
nació en la vivienda que estaba ubicada en Dante Alighieri y Saavedra (esquina
noroeste). Esa vivienda se demolió a fines de los años 90 y hoy es un baldio
donde sólo queda el inmenso sauce que formaba parte del patio. En el pasado,
cuando aún no había total certeza de la importancia de esa casa, algunos
artistas de Casilda la intuyeron y la fotografiaron y hasta pintaron cuadros con
su temática.
Cuando Agustín
tenía apenas un año, sus padres se trasladaron a bulevar Lisandro de la Torre
2140, donde instalaron un negocio de herrería para caballos y venta de artículos
y otros servicios para los carruajes. Una especie de ferretería moderna, donde
también había algunos artículos de uso doméstico (En ese lugar, con motivo del
58º aniversario de su fallecimiento, en 1996 se colocó una placa recordatoria).
Agustín hizo
sus estudios primarios en las escuelas Víctor J. Nieto y Carlos Casado, y pasó
su niñez en las inmediaciones de las cuatro plazas centrales de la ciudad.
Muchos de sus amigos de aquella época (hoy todos desaparecidos) con el tiempo
contarían anécdotas de sus juegos.
Cuando Agustín
tenía nueve años, falleció su padre y su madre se instaló en Rosario con los
niños. Allá comenzaría para Agustín la etapa de aprendizaje en los
conservatorios y elencos de aquella época.
Agustín Magaldi
falleció en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1938.
Una anécdota
de Magaldi en Casilda
El anecdotario
magaldiano está repleto de historias de su niñez en Casilda, e incluso de sus
distintos pasos como cantor reconocido. Tal vez la más notable es aquella que
ocurrió durante una actuación en el mítico Café Central, de los hermanos Canoso,
que estaba en Lisandro de la Torre y 1º de Mayo, donde hoy se emplaza el Banco
de Santa Fe. Era el año 1923 o 1924. El café repleto. Héctor Palacios, su
acompañante en la oportunidad, le comentó: “Qué bien respondió Casilda”. Se
estilaba en aquella época realizar una rifa al finalizar la actuación, cuya
recaudación era lo único que recibían los artistas. Pero en el momento de
comenzar la venta de la rifa, la gente comenzó a pedirles un tema más. Mientras
lo cantaban, el público comenzó a despoblar la sala, y los músicos finalmente no
pudieron vender la rifa. Con el tiempo, Palacios siempre le recordaría a su
amigo Agustín: “Qué bien respondió Casilda”.
Otros casildenses que nos
enorgullecen
Con el
tiempo, iremos agregando en esta sección a otros casildenses que nos hicieron
quedar bien a través de su trayectoria en la vida: artístas, científicos,
humanistas, empresarios, deportistas, etc. Es decir, casildenses que nos
enorgullecen. Algunos de esos nombres son:Jorge
“Coqui”
Griffa, Horacio Pagani y Roberto Aquilano.